Reflexión personal de Lassi Pensikkala, economista, consultor internacional y emprendedor finlandés que habla cinco idiomas: finlandés, inglés, alemán, español y sueco.

Aprender idiomas no es solamente aprender palabras. Tampoco se trata únicamente de estudiar gramática, memorizar reglas o traducir frases. Aprender un idioma es, sobre todo, una forma de crecimiento personal, una manera de abrir puertas —puertas profesionales, humanas, culturales y, en muchos casos, puertas interiores. Cada idioma que aprendí me acercó más al mundo y, al mismo tiempo, me ayudó a comprenderme mejor a mí mismo.
Soy finlandés, viví 27 años en Alemania y actualmente resido en Ecuador. Durante décadas, he trabajado con personas, empresas e instituciones de diferentes países. Y una idea se ha hecho cada vez más clara para mí: los idiomas no solo me han ayudado a comunicarme, sino que me han permitido pertenecer. Conectar. Construir confianza. Aportar valor y recibirlo. Con un idioma, uno deja de ser visitante y empieza a ser parte.
Visitar el país del idioma: donde el idioma deja de ser estudio y se convierte en realidad
Nada transforma tanto el aprendizaje de un idioma como viajar al país donde se habla. Es allí donde el idioma deja de ser una materia y empieza a ser vida. Y para inspirar ese viaje, he creado 37 guías gratuitas para conocer Europa, el corazón de las lenguas y culturas. En los libros aprendes palabras, pero en la calle aprendes significado. Aprendes qué tono usar, cuándo saludar, cómo pedir, cómo entender las emociones detrás de cada frase. Descubres que un “buenos días” en Quito no suena exactamente igual que un “Guten Morgen” en Hamburgo o un “Bonjour” en París. Cada idioma tiene su alma, y esa alma vive en la gente, en las cafeterías, en los mercados, en los pequeños gestos cotidianos.
Por eso siempre digo: construye sueños con tu idioma. Sueña: “Un día hablaré francés y caminaré por las calles de París”; “Quiero conversar con los italianos tomando un café en Roma”; No aprendas el idioma solo para aprobar un examen. Apréndelo para vivirlo. Viajar al país no es solamente una experiencia turística; es una experiencia lingüística, cultural y humana. Es el momento en que las palabras cobran vida y se convierten en experiencias.
El idioma es una herramienta viva
Cuando aprendemos un idioma, al principio es habitual sentir inseguridad. Nos preocupa pronunciarnos mal, usar una palabra equivocada o no entender lo que nos dicen. Pero con el tiempo, uno descubre que el idioma es una herramienta viva: no se trata de hablar perfecto, sino de comunicarse. La verdadera satisfacción llega en ese momento en que te das cuenta de que estás conversando con otra persona, que te entiende y tú entiendes. Ahí el idioma deja de ser un estudio y pasa a ser vida.

Las palabras son como materiales de construcción o instrumentos quirúrgicos. Cuantos más ladrillos tienes —es decir, cuanto más vocabulario aprendes— más puedes expresar ideas, emociones y pensamientos. Pero no basta con tener palabras. También hay que aprender cómo se combinan para formar significado. Ahí es donde entra la gramática. La gramática no debe verse como un obstáculo, sino como la estructura que permite que esas ideas se construyan con claridad. Requiere paciencia, práctica y constancia. Igual que un niño necesita años para aprender a hablar, escribir, comprender y comunicarse bien, así nosotros necesitamos tiempo para asimilar un nuevo idioma. Aprender con profundidad nunca ocurre de un día para otro.
Pero el aprendizaje de un idioma es mucho más que palabras y reglas. Es también cultura, modo de pensar, forma de ver el mundo. Con cada idioma, aprendemos cómo sienten, cómo piensan y cómo se relacionan las personas en su propio entorno. Por ejemplo, en español, alguien puede decir “¿Qué tal?” o simplemente “¿Todo bien?” como saludo amistoso, no necesariamente esperando una respuesta literal. En alemán, la comunicación suele ser más directa; en finlandés, el silencio a veces también significa respeto, reflexión o aceptación. Esas diferencias no están en los libros: se aprenden viviendo el idioma, escuchando a la gente, conversando de verdad.
Quien habla solo un idioma, vive dentro de una sola forma de ver el mundo. Quien habla dos, vive entre dos mundos. Y quien habla más, tiene una mente más amplia, flexible y tolerante. Aprender idiomas desarrolla la sensibilidad, la empatía y la capacidad de comprender al otro.
AI significa inteligencia artificial, no inteligencia humana
Es importante entender que traducir palabra por palabra no funciona. He visto situaciones donde alguien dice en inglés “I am excited” y lo traduce al español como “Estoy excitado”, sin darse cuenta de que en español esa expresión puede tener un significado completamente diferente. Ahí comprendemos que aprender un idioma no es traducir, es comprender cómo piensan y cómo se expresan los demás.
Hoy vivimos en un mundo donde la inteligencia artificial puede ayudarnos mucho en el aprendizaje de idiomas. Podemos traducir rápidamente, consultar dudas, practicar pronunciación y descubrir nuevas expresiones. Pero debemos recordar una cosa importante: AI significa inteligencia artificial, no inteligencia humana. Puedes usar la tecnología para aprender, pero necesitas tu propia inteligencia, tus sentimientos y tus experiencias de vida para comunicarte con autenticidad. La inteligencia artificial ofrece datos; la inteligencia humana ofrece conexión. Por eso, cuando hablas con otra persona en un idioma extranjero, es fundamental tener control sobre lo que dices, cómo lo dices y qué intención hay detrás. Una conversación no es solo información: es relación humana.
Aprender con el mundo digital: cuando el idioma entra a tu vida diaria
Hoy tenemos una ventaja extraordinaria que ninguna generación anterior tuvo: podemos aprender un idioma sin salir de casa, pero estando en contacto real con el mundo. No hablo de estudiar listas de vocabulario, sino de vivir el idioma a través de la tecnología. Escuchar podcast en Spotify, ver documentales o conferencias en YouTube, seguir cuentas de hablantes nativos en Instagram o X, participar en foros, escuchar música con letras, incluso conversar por videollamadas con personas de otros países. No es necesario esperar a viajar para escuchar el acento auténtico o conocer expresiones reales del idioma: hoy el idioma puede entrar en tu vida diaria con un solo clic.

Pero hay algo más importante aún: buscar personas cerca de ti, donde vives. Muchas veces, cerca de tu casa hay alguien que habla el idioma que estás aprendiendo. Puede ser una familia extranjera, un estudiante internacional, un profesor o incluso alguien que comparte tus intereses profesionales. Conversar con una persona real, aunque sea media hora a la semana. Porque hablar con alguien te obliga a pensar, a escuchar, a improvisar, a sentir. Eso es lenguaje vivo.
Yo aprendí así muchos idiomas. No solo en las aulas, sino en la vida. Recuerdo conversaciones largas con personas que apenas me conocían, pero con quienes compartíamos el desafío y la belleza de construir puentes con palabras. Aprendí expresiones que ningún libro enseñaba. Aprendí silencios, gestos, maneras de pensar. El idioma verdaderamente se aprende cuando lo vives.
La tecnología es una ayuda maravillosa, pero no sustituye la experiencia humana. No te encierres solo en aplicaciones, traductores o ejercicios automatizados. Eso te ayuda, pero no te forma. El idioma necesita voz, mirada, contexto y emoción. Estudia, sí, pero escucha, conversa, pregunta, equivócate, vuelve a intentar.
La gramática está en los libros y el idioma está en la gente
Aprender idiomas no garantiza éxito, pero abre puertas. No te cambia por completo, pero sí amplía quién puedes llegar a ser. A medida que aprendes un idioma nuevo, también aprendes a escuchar, a observar, a respetar y a pensar antes de hablar. Te vuelves más consciente, más curioso y más abierto.
Hoy, cuando pienso en los idiomas que hablo, no pienso en las reglas gramaticales ni en los exámenes que aprobé. Pienso en las personas que conocí, en las historias que escuché, en las oportunidades que surgieron y en los momentos que nunca hubiera vivido si solo hubiera hablado mi lengua materna. Un idioma no es un fin en sí mismo; es un puente.
Aprender idiomas significa, simplemente, abrir la vida.
Ystävällisin terveisin, Kind regards, Saludos cordiales, Mit freundlichen Grüßen och Med vänliga hälsningar
Lassi Pensikkala

Sobre el autor
Lassi Pensikkala es economista, consultor internacional de negocios y fundador de AmerExperience.com y Seguros Amer Pensikkala Romo®. Estudió Economía, Psicología y Sociología en la Universidad de Hamburgo, y ha dedicado su vida profesional a conectar culturas, personas y oportunidades entre Europa y América Latina.
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